Ser amable no significa ser fácil.
Ser amable no significa ser fácil
Una reflexión sobre el valor de la amabilidad y el respeto hacia las mujeres.
Vivimos en una sociedad que, a pesar de los avances, aún arrastra ideas equivocadas sobre el comportamiento femenino. Una de ellas es la falsa creencia de que una mujer amable, cortés o empática es sinónimo de alguien débil, ingenua o disponible para lo que otros quieran. Nada más lejos de la verdad.
Ser amable es una virtud, no una invitación. Es una muestra de fortaleza interior, de valores firmes, y de una educación basada en el respeto hacia los demás. Muchas mujeres han sido criadas para tratar a los otros con bondad, escuchar con atención, sonreír con naturalidad y extender la mano sin juzgar. Pero lamentablemente, esa calidez ha sido malinterpretada por quienes confunden cortesía con consentimiento.
Una mujer puede ser amable, empática, solidaria y cercana sin estar dispuesta a tolerar el irrespeto, el abuso o las intenciones ocultas. Puede abrir su corazón para consolar a alguien sin abrir la puerta a que invadan su vida. Puede sonreír por educación, no por coqueteo. Puede conversar con libertad sin estar ofreciendo su intimidad.
Y muchas veces, cuando esa amabilidad es malinterpretada, algunas mujeres optan por cambiar. Se vuelven más reservadas, más serias, más cuidadosas con cada gesto, cada palabra y cada mirada. No por miedo, sino como una forma de protegerse, de blindarse ante quienes creen tener derecho a cruzar los límites. No es que dejen de ser amables, es que deciden ser más selectivas, más cuidadosas, y muchas veces prefieren parecer fuertes, frías o incluso inaccesibles, antes que permitir otra falta de respeto.
Otras, en cambio, son naturalmente fuertes. Siguen siendo amables, pero si alguien interpreta mal su trato o intenta pasarse de la raya, no dudan en poner límites con firmeza. A veces, incluso con frialdad. No porque hayan dejado de ser buenas personas, sino porque quieren dejar bien claro que su trato no debe ser confundido con una invitación a la falta de respeto. Porque su amabilidad tiene límites, y esos límites se hacen notar.
Por eso es tan importante aprender a diferenciar. No todo gesto amable es una insinuación. No toda sonrisa es una señal de interés. No todo saludo es una puerta abierta. Y nosotras, como mujeres, también debemos saber cómo actuar, para que quede claro que nuestra amabilidad no significa una oportunidad para abusar de nuestra confianza.
La amabilidad es un acto de amor, pero también puede estar acompañada de espinas. Como una rosa hermosa, puede tener pétalos suaves y perfumados, pero no por eso está desprotegida. Detrás de esa dulzura puede haber una fortaleza que no se deja pisotear.
Porque sí, ser amable no significa ser fácil. Significa ser humana. Significa tener carácter, valores y respeto. Y eso merece ser visto con los ojos correctos: con dignidad.

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