Le importo a Dios, y mucho más de lo que imaginé

Le importo a Dios, y mucho más de lo que imaginé

(Tomado de un diario secreto 22-sep-2018)


Hoy, mientras iba en el bus, sentía que Dios hablaba en silencio a mi corazón. No fue una voz audible, sino ese recordatorio tan profundo que solo Él sabe traer cuando quiere volver nuestra mirada hacia lo verdaderamente importante.

Me hacía recordar cómo era mi relación con Él tiempo atrás. Vivía descansando en sus manos. No caminaba afanada, ni dominada por la preocupación o la ansiedad. Había una tranquilidad que nacía de confiar plenamente en que Dios tenía el control de cada detalle de mi vida.

Y, curiosamente, las cosas iban encontrando su lugar. Muchas salían bien, y cuando alguna no resultaba como yo esperaba, no me llenaba de desesperación. Al contrario, confiaba todavía más en Él. Creía que, si una puerta se cerraba, era porque así sería lo mejor o porque Él estaba preparando algo mejor, aunque yo aún no pudiera verlo.

Recuerdo que era capaz de mantener la calma incluso cuando las circunstancias cambiaban de repente o cuando los planes no salían como los había imaginado. Antes de dejarme llevar por el temor, me detenía. Guardaba silencio. Lo escuchaba. No permitía que la preocupación apagara su voz, y en ese proceso aprendía a ser humilde, reconociendo que mi entendimiento es limitado, pero que el suyo es perfecto.

Mientras meditaba en esto, entendí algo que necesitaba volver a recordar: le importo a Dios, y mucho más de lo que alcanzo a creer. No soy una carga para Él, ni alguien a quien atiende con indiferencia. Soy su hija, y Él se interesa por lo que vivo, por lo que siento y por aquello que inquieta mi corazón.

Quizá el mayor cambio no está en las circunstancias, sino en dónde decido poner mi confianza. Cuando dejo que las preocupaciones ocupen el lugar que le corresponde a Dios, pierdo la paz que Él quiere regalarme. Pero cuando vuelvo a descansar en Él, descubro que su cuidado sigue siendo el mismo de siempre.

Hoy quiero volver a esa confianza sencilla. Quiero detenerme más para escuchar su voz que para escuchar mis temores. Quiero recordar que, aunque no entienda el camino, Dios sí lo conoce. Y quiero vivir con la certeza de que le importo profundamente, mucho más de lo que mi mente puede comprender.



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